Isabel II concede a Ignacio Echeverría a título póstumo la 'George Medal' por "su enorme valor"

La reina Isabel II de Inglaterra ha reconocido al español Ignacio Echeverría a título póstumo con la 'George Medal', distinción que otorga la monarca británica por "actos de gran valentía". Echeverría, de 39 años, fue asesinado el 3 de junio de 2017 en el atentado del puente de Londres, cuando se enfrentó a los terroristas armado con su monopatín. Según ha informado el Gobierno británico en una nota oficial, la reina ha otorgado la medalla a Ignacio Echeverría "por enfrentarse a terroristas armados para proteger a otros en el puente de Londres el 3 de junio de 2017".

Además de Echeverría, Isabel II ha otorgado la 'George Medal' a otros tres ciudadanos, todo ellos por su actuación en actos terroristas yihadistas: los policías Charlie Guenigault y Wayne Marques, que actuaron en el mismo atentado en el que fue asesinado Echeverría, y el civil Paul Hassan James Zubier, que ayudó a una mujer que estaba siendo atacada en un atentado en la ciudad finlandesa de Turku en agosto de 2017. Los tres sobrevivieron a los atentados.

A continuación, reproducimos el comunicado oficial en el que se explican las razones para el reconocimiento a Ignacio Echeverría:

"El 3 de junio de 2017, Ignacio Echeverría montaba en bici en la zona de Borough Market con unos amigos cuando fue testigo de un atentado terrorista. En cuanto fue consciente de lo que estaba ocurriendo, corrió hacia los terroristas, utilizando su monopatín para golpearles y evitar que continuaran con el ataque. Los terroristas fijaron su atención en él y le infligieron heridas fatales. Sin lugar a dudas, su intervención permitió a otras víctimas escapar, evitando de esta manera que se perdieran más vidas.

Ignacio Echeverría demostró un gran valor al desafiar a varios terroristas armados. Utilizando su monopatín como único arma, era consciente de que no tenía muchas oportunidades frente a las de los asaltantes. A pesar de todo, corrió hacia ellos con la intención de impedir que continuaran atacando a personas inocentes en la zona.

Está fuera de toda duda que demostró un enorme coraje al decidir intentar detener a los terroristas. Podría haberse escondido, pero no lo hizo. Estaba desarmado y no había recibido entrenamiento. El peligro era evidente, pero conscientemente tomó la decisión de intentar detener el ataque, poniendo en riesgo su vida."


Humberto Trujillo: "La cultura yihadista genera mucha influencia, ya que otorga robustez psicológica, certidumbre, poder e identidad"

El yihadismo genera una cultura en torno al miedo como herramienta de control, dominación y proselitismo. Una cultura que afecta por igual a quienes viven sometidos a los designios de una sociedad yihadista y a quienes conforman su principal objetivo a batir: Occidente.

Éste es el resumen de la conferencia 'La cultura del miedo como herramienta yihadista', que ofreció Humberto Trujillo el pasado 20 de marzo en Córdoba. Una conferencia en la que se abordaron las principales características de dicha cultura, directamente relacionada con la creación de símbolos.

Por un lado, este Catedrático del Departamento de Metodología de las Ciencias del Comportamiento de la Universidad de Granada explicó que "los yihadistas, al amparo de sus símbolos, emiten comportamientos que permiten alcanzar con éxito los objetivos, lo que refuerza al símbolo como elemento de poder, que a su vez refuerza los comportamientos terroristas". Es decir, hacen ver por qué luchan y cómo pretenden alcanzarlo, lo que retroalimenta su discurso y convierte a esos símbolos en los pilares de su cultura.

Es decir, que "la cultura y simbología yihadista genera mucha influencia, ya que le otorga a la persona con escasa autonomía y robustez psicológica certidumbre, poder e identidad, lo que condiciona sus creencias, roles y normas y, además, refuerza los valores asociados a sus símbolos".

Eso en lo que a los miembros de esa sociedad yihadista se refiere, porque "también genera hostigamiento a los no yihadistas, pues atenaza anímicamente a las personas con escasa autonomía y robustez psicológica que son ajenas a esa simbología, ya que les ocasiona incertidumbre, pérdida de poder, preocupación y miedo".

El símbolo es un elemento capital de la cultura yihadista y su instrumentalización debe de ser contrarrestada "mediante narrativas contundentes". ¿Y cómo se puede luchar contra esa narrativa yihadista? En palabras de Humberto Trujillo:
"Hay que reforzar símbolos como la Mezquita de Córdoba o la Alhambra con nuestros valores para evitar que se conviertan en iconos yihadistas".

Al Andalus es un elemento recurrente en la narrativa yihadista por su simbología y tras los atentados de Barcelona y Cambrils se vio cómo desde el autodenominado Estado Islámico se jugó además con la cercanía al presentar en la reivindicación de los atentados a un terrorista que se hacía llamar 'El Cordobés'.

Se trata de "hacer caer en la cuenta que se haga lo que se haga será inútil, que el yihadismo es imparable, lo que genera indefensión y resignación; y que la amenaza es constante y realmente cercana en el espacio y el tiempo, lo que refuerza la percepción de indefensión".

Según explicó este experto, la estructura circular de esa cultura hace que "los hostigados -los no yihadistas o no partidarios del yihadismo-, emitan comportamientos de miedo ante los símbolos yihadistas, lo que aumenta la fuerza amenazante del símbolo, que a su vez refuerza el miedo".


¿Se puede reinsertar un yihadista?

 

David Vallat y Farid Benyettou tienen mucho en común. Ambos pertenecieron a grupos terroristas yihadistas, ambos penaron en la cárcel sus condenas y ambos han sido sentenciados a muerte por sus antiguos compañeros.

El programa de TVE 'En portada' habló con ellos intentando encontrar respuesta a la gran pregunta: ¿qué lleva a alguien a radicalizarse hasta el punto de asesinar sin mirar a quién?

"Sé que en realidad yo validaba la muerte de inocentes", explica Benyettou, consciente de que fue él quien reclutó a los hermanos Chérfi y Said Kouachi, que mataron a 12 personas en su asalto a la sede de la revista satírica 'Charlie Hebdo'.

Vallat y Benyettou explican en el programa su propia trayectoria y analizan cómo son los jóvenes que caen en las redes yihadistas, las señales de alarma que permiten detectar la radicalización, los discursos de reclutamiento, el aislamiento... Todo un proceso que lleva a una deshumanización tal que lleva al radicalizado a matar a cualquiera que no piense como él.


De Siria a Texas para desradicalizar yihadistas

En 2003, Tania Joya, británica de origen bangladeshí conoció en Londres a John, un joven converso de Texas con el que había entrado en contacto a través de una página web que se dedica a arreglar matrimonios entre musulmanes. Por aquella época el mundo vivía sumido en la crisis que supusieron los atentados del 11-S y Tania describe a su yo de entonces como "una adolescente cabreada en una familia de inmigrantes", una joven de 19 años que "no había tenido una infancia como tal (...) no me habían inculcado ningún sistema de valores y era una chica muy vulnerable al extremismo".

De Londres, Tania recaló del brazo de su marido en Egipto. Corría 2011 y el país estaba controlado por los Hermanos Musulmanes, que habían alcanzado tras la revuelta que terminó con el mandato de Hosni Mubarak. Allí permanecieron hasta 2013, cuando un golpe de Estado apartó a la Hermandad del poder. Partieron entonces -Tania, John y sus tres hijos- hacia Turquía; y de ahí, a Siria.

Allí fue donde dijo basta. Como relataba en un reciente reportaje en El Mundo: "Ya había tenido suficiente. Cuando la persona con la que compartes tu vida te lleva directamente hacia el matadero, no queda más opción. Durante las semanas que pasé allí recuerdo viajar totalmente cubierta de un lugar a otro y discutir con los combatientes en un tono que hoy me parece una locura. Por fortuna, John me dejó marchar. Estaba exhausta. Ya sé que es algo que el islam no acepta pero quería a mis hijos mucho más que a mi religión".

Ese fue el punto de inflexión que la llevó a abrir los ojos, hasta el punto de romper con su fe. "A principios de 2015 llegué a la conclusión de que ya no era musulmana. Llevaba algún tiempo sin poder rezar ni llevar hiyab. La religión y la política han roto mi familia y arruinado todo lo que conocía".

Desde entonces, decidió que su vida sería otra. Ahora, asentada en Texas, trabaja en la organización estadounidense Contra el Extremismo Violento, formada por ex yihadistas como ella que intentan ayudar a quienes aún no lo han hecho a desradicalizarse.

Una labor que, explica, es especialmente dura para ellas. "Para las mujeres resulta mucho más difícil abandonar el yihadismo. Tienen que divorciarse, asumir el repudio y buscar ayudar para mantener a sus hijos. No saben cómo ser independientes", reconoce. "No he encontrado historias similares a la mía pero puedo imaginar que hay muchas refugiadas con experiencias tan dramáticas. Yo, al menos, tengo la fortuna de contar con un pasaporte británico".

En cuanto a John, alias Yahia al Bahrumi, el texano converso que la llevó hasta Siria en busca de la promesa del Califato, poco más ha vuelto a saber de él. "Hace unos meses escuché su voz en un vídeo de propaganda del IS. La reconocí al instante pero no sé nada más de él. Nuestra última conversación fue en 2015".