Entrevista a... Carlos Echeverría

El profesor de Relaciones Internacionales y Vicedecano de Investigación y Doctorado de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNED, Carlos Echeverría, analiza en esta entrevista la situación de España ante la amenaza yihadista, prestando especial atención a su carácter simbólico, lo que le otorga un especial lugar en la propaganda del islamismo radical.


¿Qué ha sido de Al Qaeda y de Ayman Al Zawahiri?

Hace tiempo que los titulares e informaciones referidas al radicalismo islamista y al yihadismo lo copan las siglas del autodenominado Estado Islámico. El grupo que proclamó hace poco más de tres años un Califato desde Mosul y que acaba de perder el control militar sobre dicha ciudad iraquí ha sido capaz de aglutinar sobre sí mismo el foco del yihadismo mundial. Sin embargo, eso no debe hacer olvidar a Al Qaeda, la organización que lidera el pediatra egipcio Abi Mohamed Ayman al Zawahiri desde que Osama Bin Laden murió en Abbottabad (Pakistán) el 2 de mayo de 2011.

El periodista de investigación José María Irujo publicaba recientemente un análisis en el que llamaba la atención sobre un grupo terrorista que puede estar callado pero no muerto. Irujo, que ha investigado desde hace años la actividad del grupo yihadista, pone encima de la mesa la opinión de diversos expertos de los servicios de Inteligencia de distintos países respecto de la actividad de Al Qaeda y las ambiciones de su líder.

Varios de esos expertos coinciden en que el objetivo de Al Zawahiri es conseguir ejecutar un gran atentado con un arma bateriológica o incluso nuclear, algo que han perseguido desde la fundación de La Base. No en vano, recuerda Irujo, ése fue el encargo que le dio Bin Laden al sirio español Mustafá Setmarian, que vio frustrados sus planes tras ser capturado por EEUU en Pakistán y entregado al régimen de Bashar Asad.

Sin embargo, ese "sueño" de un ataque que supere en víctimas a los 3.000 asesinados el 11 de septiembre de 2001 sigue vivo entre los militantes de Al Qaeda y, en un contexto en el que el monopolio de la yihad por parte del autodenominado Estado Islámico está más en tela de juicio que nunca en los últimos tres años, no hay que perder de vista el deseo de Al Zawahiri de dar un golpe de efecto que le permita recuperar el cetro del yihadismo internacional.

Como relata Irujo, Sharif al Masri, egipcio detenido en Pakistán en 2004, confesó al FBI y a la CIA que Al Qaeda había logrado hacerse con la denominada “bomba sucia”, un artilugio nuclear casero en cuyo diseño trabajan desde hace años. Es más, Al Masri habría asegurado que dicha bomba se encontraba en Europa, pero que tenían problemas para trasladarla.

Pese a que ningún servicio secreto ha conseguido confirmar la existencia de esa bomba sucia, no se descarta tampoco que Al Qaeda esté intentando hacerse con una. Así al menos lo aseguran fuentes norteamericanas citadas por Irujo, aunque desde España se asegura que hay métodos más económicos y sencillos para conseguir ejecutar ese gran ataque que buscaría la organización de Al Zawahiri para volver a coger la bandera de la yihad mundial.

Sirva de ejemplo esta cita de un responsable de la Comisaría General de Información de la Policía Nacional: “Descarto que Al Qaeda pueda llevar a cabo un ataque nuclear porque para eso hace falta tener acceso a fuentes nucleares y eso es muy difícil. Pero desde luego que la organización no está muerta y no descartamos un gran atentado con el que pretenda recuperar su visibilidad. Todavía hay muchos grupos que le son fieles en África, Filipinas, Indonesia, Pakistán y Afganistán. Está ahí latente y si el ISIS sufre una derrota y desaparece Al Baghdahi, Al Zawahiri disputarán el liderazgo de la yihad mundial. Pero hoy por hoy Al Baghdahi está presente y Al Zawahiri es un líder virtual que se prodiga muy poco”.


Tres años de Estado Islámico en Occidente: terroristas locales sin vínculos directos con Daesh

La toma de Mosul ha supuesto una derrota militar cuya carga simbólica ha hecho que muchos hablen del fin del Califato del Estado Islámico poco después de que se hayan cumplido tres años de su proclamación. Su expansión territorial permitió al Daesh controlar un vasto territorio entre Siria e Irak pero, desde aquel 29 de junio de 2014, han ido perdiendo cada vez más terreno.

Muchos expertos vaticinan que la derrota militar del Daesh no supondrá ni mucho menos su desaparición y apuntan a sus acciones terroristas en Occidente, tanto directas como las perpetradas por aquellos que encuentran inspiración en el IS y le juran lealtad sin haber llegado a tener contacto con la organización, como el nuevo campo de batalla del Daesh.

Recientemente ha visto la luz el informe  ‘Fear Thy Neighbor. Radicalization and Jihadist Attacks in the West’ (Temer al vecino. Radicalización y ataques yihadistas en Occidente), fruto de la colaboración entre el Programa sobre Extremismo de la universidad George Washington y el think tank con sede en La Haya International Centre for Counter-Terrorism (ICCT). Este trabajo de Lorenzo Vidino, Francesco Marone y Eva Entenmann analiza las acciones terroristas ligadas al IS en Occidente, tanto en Europa como en Norteamérica, y arroja unos datos de sumo interés.

Los autores del informe han identificado 51 ataques terroristas en Occidente relacionados con el Daesh, que fueron ejecutados por 65 terroristas. Pese a tratarse de un número elevado de ataques, sus ejecuciones se han concentrado en sólo 8 países. Francia encabeza esta lista del terror con 17 atentados, seguida de Estados Unidos (16), Alemania (6), Reino Unido (4), Bélgica (3), Canadá (3), Dinamarca (1) y Suecia (1). Es decir, el 63% de los atentados fue en suelo europeo; el resto, en estadounidense.

Como resultado de estos ataques, murieron asesinadas 395 personas y resultaron heridas 1.549. La media es de 7,7 asesinados por atentado, aunque en la práctica hay un gran desequilibrio: en los 17 atentados que sufrió Francia murieron 239 personas, mientras que en los 16 de Estados Unidos fallecieron 76.

En cuanto al perfil del terrorista, uno de los datos más contundentes es el de su origen. El 73% era originario del país en el que ejecutó el ataque el 14% tenía los papeles de residencia en regla, el 6% no tenía papeles y sólo el 5% tenía o había solicitado el estatus de refugiado. La media de edad de los terroristas era de 27,3 años y fueron mayoritariamente hombres: apenas el 2% de los 65 atacantes era mujeres.

Respecto a la motivación, también resultan interesantes los datos que ofrece el informe. El 63% de los terroristas había mostrado antes o durante el ataque su lealtad a grupos yihadistas, principalmente al Daesh. Sin embargo, el porcentaje de quienes tenían un vínculo claro con este tipo de organizaciones es del 42%. En un 26% de los casos, los terroristas actuaron influidos por el autodenominado Estado Islámico, mientras que el 66% de los atentados fue obra de atacantes que actuaron de forma independiente, aunque mantuvieran algún tipo de conexión con el radicalismo.