Los yihadistas vuelven a los métodos de captación y seguridad previos a internet

Una de las pautas seguidas por los radicales islamistas a la hora de hacer proselitismo de sus mensajes e iniciar procesos de captación ha sido el uso de la tecnología como gran aliada. Internet, con todas sus derivadas, ha sido la autopista de difusión del yihadismo radical desde hace tiempo.

Eso hizo que, por un lado, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad comenzaran a prestar especial atención a este tipo de herramientas. Hasta el punto de generar la figura del llamado "agente virtual encubierto", encargado de monitorizar estas redes, controlarlas e infiltrarlas.

Por otro, las principales empresas de servicios de intenet, así como redes sociales, han empezado a actuar con contundencia -a veces incluso en demasía, llegando a borrar contenido que precisamente se estaba utilizando para concienciar contra estos mensajes radicales- para evitar que sus marcas sean sinónimo de herramientas de difusiones yihadista.

Es decir, que las redes e internet están cada vez más vigiladas y eso ha permitido poder actuar de forma preventiva deteniendo a numerosos individuos con un alto nivel de radicalización dispuestos a cometer atentados. Sin embargo, los terroristas han tomado conciencia de esta situación y han comenzado a cambiar sus estrategias para evitar la vigilancia. En concreto, los líderes encargados de captar y adoctrinar están modificando sus fórmulas de protección.

"Están buscando gente de su confianza para lograr su estructura de primer nivel. El blindaje de las células está siendo muy similar a estructuras terroristas más arcaicas, alejadas de  sistemas alojados en internet. Su seguridad está siendo, de nuevo, física. Están recuperando modos de actuar del terror de cuando no existía internet, incluso de cuando no había móviles".

Estas palabras pertenecen a una fuente policial de la lucha contra el terrorismo yihadista que recogió hace unos días el periodista especializado Fernando Lázaro en un reportaje en el que se advierte precisamente del cambio de hábitos y costumbres de estos "jefes de las células". Aunque eso no quiere decir que hayan dejado de utilizar las redes sociales y los móviles, sí que se ha detectado que emplean unos métodos de seguridad y captación que recuerdan a los vistos en grupos terroristas durante los años 80.

De hecho, varios de los últimos detenidos en relación con el terrorismo yihadista intentaron eludir la acción policial: sus contactos con los círculos cercanos eran siempre físicos, prestaban especial atención a no dar referencias de sus encuentros por teléfono y usaban tarjetas prepago de las que posteriormente se deshacían.

De acuerdo con la información aportada por Fernando Lázaro, "los sospechosos tienen ya una serie de claves de comunicación preestablecidas y diferentes entre los integrantes de sus células", lo que dificulta la labor policial.


Cinco claves de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional

El pasado viernes 1 de diciembre, el Consejo de Ministros aprobó la nueva Estrategia de Seguridad Nacional. Un documento de 128 páginas divididas en 6 capítulos que sustituye a otro en vigor desde 2013.

  • Terrorismo yihadista: una de las principales amenazas que enfrenta España y Occidente en general. El principal actor es el autodenominado Estado Islámico, por su "capacidad operativa, medios, proyección mediática y rápida expansión". El documento hace referencia a los atentados de Barcelona y Cambrils del pasado verano para ejemplificar el nivel de amenaza que supone el yihadismo y apunta a una derivada a la que también se debe prestar mucha atención: el regreso de los llamados 'combatientes extranjeros'.
  • Campañas de desinformación: el documento advierte sobre este tipo de acciones, contextualizándolas en un conjunto de actuaciones dirigidas a desestabilizar un país -"se trata de acciones combinadas que pueden incluir, junto al uso de métodos militares tradicionales, ciberataques, operaciones de manipulación de la información, o elementos de presión económica, que se han manifestado especialmente en procesos electorales. La finalidad última que se persigue es la desestabilización, el fomento de movimientos subversivos y la polarización de la opinión pública"-. La Estrategia de Seguridad Nacional habla específicamente de la postverdad: "La manipulación de la información por parte de agentes externos ejerce de factor de influencia en la era de la postverdad, con efectos negativos en la cohesión social y la estabilidad política".
  • Crimen organizado: otra amenaza "de naturaleza transnacional, flexible y opaca", cuyo peligro radica en su "enorme capacidad desestabilizadora, que contribuye a debilitar el Estado y minar la buena gobernanza económica". En este apartado, se habla de la trata de seres humanos como uno de los principales áreas de actuación de estas redes criminales, algo que afecta a España sobremanera "como punto de acceso a la UE por parte de redes criminales procedentes de África y América".
  • Ciberamenazas: "Las amenazas en el espacio digital adquieren una dimensión global que va más allá de la tecnología", reza el documento, que destaca el incremento de este tipo de amenazas en los últimos años, tanto en intensidad como en sofisticación. Se trata de acciones que pueden ser llevadas a cabo por estados, grupos terroristas, crimen organizado e individuos. Algunos ejemplos de estas amenazas: "Robo de datos e información, los ataques ransomware y de denegación de servicios, el hackeo de dispositivos móviles y sistemas industriales, y los ciberataques contra las infraestructuras críticas". Además, se señala específicamente la amenaza del espionaje y, en concreto, el espionaje industrial, cuyo objetivo es "acceder al conocimiento tecnológico y estratégico que permita adoptar una posición diferencial con respecto a la competencia".
  • África: la amenaza yihadista, la situación geoestratégica y la dependencia energética de España convierten a África en objetivo prioritario para la Seguridad Nacional. Literalmente, el documento señala que "su estabilidad y prosperidad redunda en interés directo de España a la hora de asegurar flujos energéticos clave, hacer frente a la inmigración irregular, luchar contra el narcotráfico y prevenir el terrorismo yihadista".

El documento aborda otras cuestiones que deben marcar la Estrategia de Seguridad Nacional, como son las derivadas del cambio climático, especialmente lo relacionado con los incendios y sus devastadores efectos, junto a la sequía y, paradójicamente, las inundaciones.

En cualquier caso, si desde el Ministerio de Defensa se está poniendo cada vez un mayor énfasis en la necesidad de contribuir a la creación de una Cultura de Defensa, este documento aborda la necesidad de generar una suerte de Cultura de Seguridad Nacional con una declaración de intenciones: "El Gobierno impulsará cauces que faciliten el conocimiento en la sociedad acerca del esfuerzo de los actores y organismos implicados diariamente en la salvaguarda de la Seguridad Nacional, en ámbitos tales como la Defensa Nacional, la lucha contra el terrorismo, la ciberseguridad o la seguridad ciudadana. También fomentará la concienciación sobre las amenazas y desafíos actuales, y la sensibilización en lo que respecta a la responsabilidad colectiva en su preservación".


Un centro de rehabilitación de cinco estrellas para yihadistas en Arabia Saudí

Un condenado por yihadismo cumple su pena y, antes de obtener la libertad, ingresa en un centro de rehabilitación. Hasta aquí todo normal, si no fuera por las características de dicho centro: piscina, televisores, jardines, acceso a internet, personal vestido con libreas, habitaciones para las visitas conyugales, gimnasio con todo tipo de maquinaria, una clínica... Un centro de lujo para desradicalizar yihadistas. ¿Dónde? En Riad (Arabia Saudí).

France Presse visitó el Centro de Asesoramiento y Orientación Mohamed bin Nayef, en el que un grupo de clérigos y psicólogos intentan que los islamistas condenados por delitos de sangre abandonen su radicalismo mediante el convencimiento y no la coerción. "Buscamos la forma de que los beneficiarios tengan la sensación de que son gente normal y de que todavía tienen una oportunidad de reinsertarse en la sociedad", explica Yahya Abu Maghayed, director citado centro.

Los islamistas, que no son considerados presos ni detenidos, visten de blanco y tienen libertad de movimientos para disfrutar de los jardines bien cuidados, la piscina, el gimnasio, las televisiones...  Por dicho centro han pasado desde que abriera sus puertas en 2004 más de 3.300 yihadistas, entre ellos miembros de Al Qaeda, prisioneros de Guantánamo y talibanes.

Los gestores del centro presumen de una tasa de rehabilitación del 86% y de que la permanencia no es gratuita: si a los tres meses el interno no ha dado signos de mejoría, vuelve a quedar bajo tutela judicial. ¿Y cómo lo evalúan? Entre otras, mediante el uso del arte como terapia. Los internos pintan obras y los expertos buscan evolución en ellas.


Canciones como kalashnikovs contra el Daesh en Mali

La expansión del yihadismo acaba con todo, la música incluida. Y eso, en países como Mali, es mucho. Lo explicaban hace poco los miembros de Songhoy Blues, un grupo formado por cuatro músicos malienses que se unieron para denunciar con sus canciones lo que estaba sufriendo su país con el avance del Daesh.

Todo comenzó con un mensaje difundido por la radio: "Nosotros, los muyahidines, prohibimos la radiodifusión de cualquier música desde hoy. Hemos informado a todos los propietarios de las emisoras que no queremos música de Satán". Gao, Tombuctú y Kidal ya estaban en manos de los barbudos de Ansar Dine, ligado al Daesh. Y ese día se impuso la sharia en el territorio controlado por los yihadistas.

Aliou Touré, cantante, recuerda en una entrevista en ABC qué impacto tuvo en él aquel mensaje: "Antes de aquel mensaje jamás había estado preocupado por mi música. Cuando lo escuché, lo primero que pensé fue que tenía huir y cuál sería mi destino".

Él mismo relata cómo vivieron en primera persona un incidente que les hizo darse aún más cuenta de la gravedad de la situación: "El momento más aterrador se produjo entre agosto y diciembre de 2012, cuando se produjeron más ataques. Garba (Touré), nuestro guitarrista, se encontró en Tombuctú con un grupo de yihadistas mientras iba tranquilamente tocando por la calle y, tras quitarle la guitarra, le amenazaron con un castigo mucho peor si le volvían a ver con un instrumento. En ese momento se dio cuenta de que tenía que escapar del norte".

En Mali la música es mucho más que un elemento de ocio y diversión. "Es un vínculo importante entre las tribus, un hilo para unir a grupos dispares, una forma de compartir noticias en un país donde no todo el mundo ve la televisión. Es como nuestro periódico para hablar de los problemas", explica Aliou.

Por ello, ahora usa sus canciones, junto con los otros tres malienses que conforman Songhoy Blues, para hablar de la experiencia de los desplazados y lo que supone la invasión del Daesh. En palabras del propio Aliou: "Nuestras canciones son como nuestros kalashnikovs, no necesitamos armas reales para luchar contra la injusticia. Nuestra música es nuestra forma de protesta".

Otros músicos malienses como Fadimata 'Disco' Wallet Oumar o Kaira Arby han tenido que huir de su país para poder seguir con la música, un elemento que no ha regresado por la alta inseguridad de la zona a pesar de que el Gobierno maliense ya ha recuperado al Daesh gran parte del terrreno conquistado.