«Más educación, más regulación y mayor capacidad de los Estados», la fórmula para evitar que los datos sean una amenaza a la Seguridad Nacional

Janis Sarts dirige el Centro de Comunicación Estratégica de la OTAN, conocido como StratCom. La suya es, pues, una de las voces más autorizadas para hablar de todo lo relacionado con las comunicaciones y sus peligros. Precisamente por ello, resulta especialmente llamativo su advertencia: «El manejo de los datos será en el futuro una amenaza a la seguridad nacional».

Dicha advertencia la hizo en una entrevista publicada por El País el pasado 7 de julio en la que, entre otras cosas, relata como StratCom llevó a cabo un simulacro para manipular a sus empleados y que les aportasen datos secretos. El experimentó funcionó, logrando que un soldado abandonase su puesto y entregase su posición. Éste es sólo un ejemplo de las diferentes acciones que llevan a cabo en StratCom con el fin de estimar el punto hasta el cual un agente externo podría manipular tanto a militares como a civiles con el uso de los datos.

Sarts señala como origen de este tipo de amenazas a Rusia, China, Irán, Venezuela, México y Brasil. Todos, países que resultan familiares cuando se trata de amenazas a la seguridad de Occidente. Sin embargo, el máximo responsable de StratCom también apunta a Filipinas, con una población instruida en inglés, capacidad tecnológica suficiente y un presidente, Rodrigo Duterte, que no persigue este tipo de crímenes con suficiente esmero; un caldo de cultivo perfecto para ser el origen de muchas de las noticias falsas que acaban en las redes sociales europeas.

En cuanto a las redes sociales, Sarts las considera fuente de polarización, al tiempo que advierte que se han posicionado como el lugar donde se lleva a cabo gran parte del debate político. Para este experto, el modelo de negocio de estas compañías favorece la generación de un contenido que apele a las emociones, algo que, cuando genera división, no ayuda al debate democrático. Además, señala el riesgo que supone no poder saber dónde almacenan sus datos estas compañías, algo que impide el trabajo de agentes que velan por la seguridad nacional.

Más allá de los ataques ransomware (robo de datos para pedir un rescate), que últimamente han protagonizado casos como el de una empresa cárnica y un oleoducto en Estados Unidos a mediados del pasado mes de junio y fueron uno de los temas a tratar en la reunión que mantuvieron los presidentes estadounidense y ruso, Joe Biden y Vladimir Putin, respectivamente, en Ginebra en esas mismas fechas, existe otro frente en el que el tráfico masivo de datos está adquiriendo cada vez más relevancia como amenaza.

Se trata de los ataques que buscan generar un cambio en la opinión pública mediante el uso de noticias falsas amplificadas a través de las redes sociales. Nada realmente novedoso, pero sí más peligroso aún debido a la microfocalización que se consigue precisamente a partir del análisis de los miles de datos que generamos diariamente en internet. StratCom pudo comprobar cómo en uno de sus simulacros podían averiguar de distintas personas «dónde vivían, qué familia tenían, qué les gustaba o cómo se movían», lo que les convertía automáticamente objetivos más vulnerables al tener un perfil mucho más detallado y, por tanto, influyente.

Yendo a lo concreto, el máximo responsable de StratComm muestra su «preocupación» por dos escenarios del futuro inmediato: las elecciones de Alemania (septiembre de 2021) y las presidenciales de Francia (2022), potenciales campos de intervención por parte de Rusia. En este sentido, aunque concede que la UE tiene la mejor política de protección de datos de su entorno gracias al Reglamento General de Protección de Datos (GDPR), advierte que no es suficiente. La fórmula para luchar de forma más eficiente contra estas amenazas es, en su opinión: «Más educación, más regulación y mayor capacidad de los Estados para identificar quién y para qué se utilizan los datos de los ciudadanos». Es decir, mayor consciencia, colaboración y asunción de responsabilidades por parte de toda la ciudadanía.

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