Entrevista al General de División Luis Murga Martínez

El General de División José Luis Murga Martínez, actual subdirector general de Planificación, Tecnología e Innovación del Ministerio de Defensa, ha sido Jefe de la División de Logística del Estado Mayor del Ejército de Tierra y ha ejercido el mando del Regimiento de Infantería “Canarias” nº 50 en Las Palmas de Gran Canaria y del Batallón de Infantería “Zamora” III/29 en Pontevedra.

Además, ha participado en siete misiones internacionales, destacando la última en el año 2013 como Jefe del Contingente español en Qala-i-Naw, siendo responsable de la operación de repliegue del Contingente español a Herat.

¿Cuáles son las principales políticas de armamento, material investigación y desarrollo e innovación que se están desarrollando desde el Ministerio de la Defensa ante el nuevo marco estratégico internacional?

La política de I+D+i del Ministerio de Defensa, bajo la responsabilidad de la Secretaria de Estado de Defensa (SEDEF), coadyuva al logro de los objetivos establecidos por la política de Defensa y contribuye, por tanto, a la consecución de las capacidades necesarias resultantes del proceso de Planeamiento de la Defensa. La expresión específica de dicha política se plasma en la Estrategia de Tecnología e Innovación de la Defensa (ETID) la cual, además, se enmarca en la Estrategia Española de Ciencia, Tecnología e Innovación (EECTI) del Ministerio de Ciencia e Innovación. La EECTI 2021-2027 es el instrumento de referencia para alcanzar el conjunto de objetivos generales, compartidos por la totalidad de las Administraciones públicas con competencias en materia de fomento de la investigación científica y técnica, y de la innovación, por lo que cualquier actuación debe realizarse al amparo de la misma.

En lo que nos concierne, la ETID 2020 marca tres directrices que deberán guiar cualquier actividad en I+D+i promovida en el ámbito del Ministerio de Defensa y que, a la vez, se constituyen en los tres pilares que enmarcaran sus actuaciones.

El primer pilar, de Objetivos Tecnológicos, se dirige a las inversiones de I+D+i, en su orientación hacia la consecución de los objetivos tecnológicos marcados en esta Estrategia, extraídos del conjunto de líneas de I+D+i de interés para Defensa.

El segundo pilar, de Cooperación, promueve actuaciones que conduzcan a crecientes grados de cooperación en I+D+i dentro del ámbito nacional e internacional. En el ámbito nacional juega un papel de especial relevancia el protocolo general de actuación firmado entre el Ministerio de Defensa, el Ministerio de Ciencia e Innovación y sus agencias de financiación, mientras que en el ámbito internacional será el Fondo Europeo de Defensa, la EDA y, en menor medida, el programa marco Horizonte Europa, los focos de la cooperación.

El tercer pilar, de Mejora Continua, busca convertir al Ministerio de Defensa en un catalizador de la I+D+i y promotor de ese talento integrador que permita obtener lo mejor de cada uno de los agentes del Sistema español de Ciencia, Tecnología e Innovación que derive en un tejido científico y tecnológico puntero y en empleo de calidad.

Dada la gran importancia que la colaboración internacional en materia de investigación tiene en el contexto actual, el Ministerio canaliza una parte sustancial de sus actividades en I+T a través de las organizaciones internacionales más importantes, cuyos marcos de actuación cubren las dos vertientes estratégicas fundamentales: la europea y la trasatlántica.

En el marco europeo, las colaboraciones en I+T se establecen a través de la Agencia Europea de Defensa (EDA), del Acuerdo Marco de la LoI y, más recientemente, del Fondo Europeo de Defensa (EDF). En cuanto a la vertiente trasatlántica, la cooperación se lleva a cabo por medio de la organización de Ciencia y Tecnología (STO) de la OTAN.

Todas las actuaciones en I+D+i se integran, junto al resto de actuaciones de coordinación y gestión requeridas, en un Nuevo Plan de I+D+i, para su puesta en práctica.

¿Cómo se organiza y se gestiona este planeamiento de investigación, desarrollo e innovación desde el Ministerio en coordinación con la industria de Defensa nacional?

En pocas palabras, se sigue un proceso de planeamiento definido por una instrucción de la SEDEF y derivado de las necesidades de I+D del Departamento que están recogidas en un Plan de I+D a seis años. Cada año se revisan, priorizan y se define cuáles de esos proyectos pasan a la programación del año siguiente, para su posterior presupuestación.

La ETID 2020 incluye un conjunto de líneas de I+D+i de interés para defensa en las que se identifican las tecnologías de interés del Ministerio. Estas líneas de I+D+i sirven de referencia para guiar el planeamiento de la I+D+i del Departamento, así como para articular la colaboración con otros agentes a nivel nacional e internacional. Para su identificación y definición se han tenido y tienen en cuenta las capacidades militares, la previsible evolución de las tecnologías y las capacidades tecnológicas de la base tecnológica industrial. Una constante y adecuada coordinación entre el Ministerio y la Base Tecnológica e Industrial (BTI) para las fases iniciales del planeamiento, tanto nacional como internacional, es esencial ya que sus capacidades pueden condicionar en gran medida la manera de abordar cada línea de I+D+i de interés de la ETID y para el apoyo nacional a las temáticas de programas europeos.

Desde el Departamento se realiza una actividad continua de prospectiva y vigilancia tecnológica de las capacidades de la BTI y sus avances tecnológicos, habiendo una constante realimentación por ambas partes. Muy en particular, en esta dimensión también se considera la Estrategia Industrial de Defensa 2015 (EID 2015), principal referencia para guiar los esfuerzos de las empresas y de la Administración en torno a la componente industrial de la Defensa, que establece unas áreas de conocimiento que afectan a los intereses esenciales de seguridad y defensa, basadas en un análisis de las capacidades industriales estratégicas de la Defensa.

Con objeto de centrar las principales actividades de I+D+i, en la ETID se realiza una priorización de las citadas líneas, considerándolas Objetivos Tecnológicos. Las actuaciones relacionadas con los Objetivos Tecnológicos tienen como finalidad desarrollar, en el marco temporal de la Estrategia, los proyectos necesarios que permitan alcanzar los niveles de ambición establecidos para cada uno de ellos. El marco temporal de la Estrategia coincidirá con los seis años de desarrollo de la fase de ejecución del ciclo de planeamiento de la Defensa, permitiéndose así el alineamiento de ambos procesos.

Los Objetivos Tecnológicos se organizan en tres niveles:

  • Incorporación de tecnologías avanzadas en las futuras grandes plataformas y sistemas de armas a través de grandes programas tractores,
  • Tecnologías para los principales desafíos y retos tecnológicos de defensa
  • Vigilancia de tecnologías emergentes con aplicación futura a defensa

Se trata de un total de 27 objetivos que focalizarán la mayor parte de las actuaciones en I+D+i, para lo que se van a desarrollar planes específicos asociados a cada uno de ellos. Dichos planes definirán un conjunto de actuaciones en I+D+i que frecuentemente combinarán el desarrollo de prototipos próximos a su empleo operativo con el desarrollo de demostradores tecnológicos que capaciten a la BTID.

La difusión de oportunidades de cooperación se materializa mediante la difusión de noticias en el portal web de la ETID, y los correos masivos a las entidades de la Base Tecnológica Industrial de Defensa que han mostrado interés en su recepción. La celebración de jornadas informativas abiertas también resulta de gran impacto.

¿Cuáles son los principales programas de innovación que se están desarrollando de forma cooperativa desde el marco europeo y marco OTAN con participación española?

El segundo pilar de la ETID, de cooperación, promueve actuaciones que conduzcan a crecientes grados de cooperación en I+D+i dentro del ámbito nacional e internacional. En el ámbito internacional el principal programa de cooperación dentro de la Comisión Europea es el Fondo Europeo de Defensa (EDF) con sus dos tipos de acciones: acciones de investigación y acciones de desarrollo de capacidades de defensa.

El EDF, sucesor al mismo tiempo de la Acción Preparatoria de Investigación en Defensa (PADR) y del Programa Europeo de Desarrollo Industrial en Materia de Defensa (EDIDP), cuenta con un presupuesto de 7.950 millones de euros y es la iniciativa clave de la Comisión Europea para apoyar la investigación colaborativa y el desarrollo de las capacidades de defensa con el presupuesto de la UE. En el contexto del actual marco financiero plurianual de la Unión (2021- 2027), el Fondo prestará apoyo financiero a consorcios de compañías de diferentes Estados miembros que emprendan actividades de investigación cooperativa en materia de defensa y el desarrollo de productos y tecnologías de defensa. El Fondo también incluye mecanismos para estimular la apertura de las cadenas de suministro.

Otro de los programas de los que se beneficia la cooperación en materia de defensa es, en menor medida, el programa marco Horizonte Europa en sus convocatorias del clúster de “Seguridad Civil para la Sociedad”, principalmente. Horizonte Europa es un programa de orientación exclusivamente civil, pero hay tecnologías que se investigan en él que también pueden ser de interés para defensa (tecnologías de doble uso o duales).

Por su parte, también dentro del seno de la UE, en el marco de la Agencia Europea de Defensa (EDA), de carácter intergubernamental, se promueven proyectos de cooperación en I+T, concretamente en la conocida estructura de los grupos denominados CapTechs (Capability Technology). Bajo la dirección de los Estados miembros y con el apoyo de la EDA, la participación de la industria y centros de investigación y académicos es también clave. Esta estructura de trabajo lleva en funcionamiento desde su arranque allá por el año 2004 y resulta bien conocida.

Ya fuera del marco estricto de la UE, conviene citar que España participa de forma cooperativa en proyectos promovidos a través de la STO de la OTAN. En la STO, expertos nacionales pertenecientes al Ministerio de Defensa y a las Fuerzas Armadas, a la industria, al ámbito académico y de investigación participan en colaboración en las distintas actividades de ciencia y tecnología que se desarrollan en esta organización, que incluyen estudios sobre temas científicos, tecnológicos u operativos, organización de eventos como simposios, conferencias y talleres (workshops), y la realización de demostraciones y experimentos tecnológicos.

En cuanto a las iniciativas referidas específicamente a la innovación, y en respuesta a su auge en sentido exponencial ya en el presente y sobre todo en su proyección de cara al futuro, se están creando y reforzando estructuras dedicadas a este aspecto de la I+D+i en el marco internacional, en concreto la iniciativa DIANA (Defence Innovation Accelerator for the North Atlantic) de la OTAN y el Innovation Hub de la EDA (consultar el Strategic Compass), sin olvidar a la Comisión con el Fondo EDF, conducentes a conseguir y mantener de forma competitiva la soberanía estratégica de sus estados miembros. Como se ha apuntado, todas estas organizaciones tienen sus acciones en innovación en pleno proceso de revolución, pero el Departamento sigue apostando con el máximo grado de prioridad por mantenerse en las posiciones destacadas. Por citar un logro reciente en el momento de escribir este artículo, y en relación con DIANA, el pasado abril se hizo pública la lista inicial de la red de aceleradoras y centros de ensayo con la que DIANA va a empezar a funcionar y que por el momento contará en el ámbito naval con el INTA-CEHIPAR. Una vez que la iniciativa empiece a rodar, esperamos poder incorporar más elementos nacionales, como aceleradoras de empresas emergentes de alta tecnología (start- ups), entre otros.

En comparativa con las capacidades de nuestros socios europeos en el ámbito de innovación en Defensa, ¿con qué capacidades cuenta España que sean de oportunidad para su aporte y compromiso internacional?

España cuenta con una BTID bien capacitada como lo está demostrado en la participación en los proyectos del Fondo EDF, que es clave para alcanzar los retos de los grandes programas de continuación. Además, cuenta con un organismo excepcional de investigación como es el INTA, así como otros públicos y privados, del mundo académico etc. que conforman la red de investigación de Estado. Es fundamental, en los escenarios que se abren con el avance del siglo XXI, la explotación de sinergias entre todos los actores con capacidad de actuar en innovación (por la vía tecnológica), ya sean “civiles” o de “defensa”, distinción esta que, por cierto, también sigue siendo cada vez más borrosa. También en el ámbito netamente civil nuestro país ha demostrado durante décadas su capacidad de abordar la innovación tecnológica, y desde ambos lados trabajamos sistemáticamente en el aprovechamiento de esas sinergias. Ese es nuestro activo en la concurrencia con otras naciones. Y nuestras políticas de I+D+i se perfeccionan constantemente para la mejora de la posición nacional, y siguen dando frutos.

¿Podría destacarnos los principales tres retos estratégicos de la innovación para el sector de la Defensa nacional ante el escenario futuro?

La I+D+i es un tractor para la industria, ya que la inversión en esta área capacita y posiciona para acometer los nuevos retos de futuro. En este marco, los principales tres retos estratégicos de innovación en Defensa ante el escenario futuro serían:

  • Consolidar la inversión del Ministerio de Defensa, del Ministerio de Ciencia e Innovación, Comunidades Autónomas y todo tipo de otras entidades en I+D+I, incluyendo obviamente las tecnologías duales, a través de sus programas de inversión y garantizando el acceso a nuevos Fondos, o ampliando la facilidad de acceso a fondos ya disponibles, como FEDER, Next Generation EU, etc. con nuevas herramientas.
  • Posicionar y orientar de forma temprana a la BTID ante la previsión de los requisitos que pueden plantear los nuevos retos estratégicos, derivados de las nuevas cargas a la luz de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC). De forma más operativa, facilitar vías para el acceso a los fondos europeos y los grandes programas tecnológicos tractores como el NGWS/FCAS, EMALE, ESSOR, entre otros.
  • Asegurar la respuesta de la BTID ante las nuevas posibilidades de inversiones. Se esperan grandes avances y respuestas a estos procesos. Un factor fundamental que seguimos tratando de reforzar es lo que podemos llamar Comunicación, es decir, difundir el conocimiento sobre la existencia de estas oportunidades.
¿Cómo podría aportar el sector civil, académico y de investigación, y el sector empresarial al desarrollo e innovación de la industria de Defensa nacional?

El papel de la base tecnológica industrial en el proceso de I+D+i de defensa es fundamental ya que actúa como proveedora de las soluciones tecnológicas que necesita el Ministerio de Defensa y como enlace para que el desarrollo tecnológico presente en el ámbito civil se traslade a las aplicaciones militares. Contribuir al desarrollo de las capacidades militares y contribuir a conformar la base tecnológica e industrial nacional de cara a que disponga de las capacidades necesarias y esenciales para la defensa son unos de los principales objetivos del Ministerio de Defensa reflejados en la ETID 2020. Esta Estrategia constituye un ámbito propicio para que universidades y centros de investigación produzcan avances en el conocimiento y la tecnología, y para que grandes empresas y pymes encuentren nichos en los que centrar sus actividades y amplíen los mercados a los que trasladar sus productos.

Entre las herramientas de financiación del Ministerio de Defensa y de posible mayor interés para la BTI, se encuentra el programa de Cooperación en Investigación Científica y Desarrollo en Tecnologías Estratégicas (COINCIDENTE) que tiene como objetivo aprovechar las tecnologías desarrolladas en el ámbito civil que puedan ser de aplicación en proyectos de interés para el Ministerio de Defensa. En los últimos años, se han presentado convocatorias con periodicidad anual y dirigidas a temáticas específicas de interés para defensa.

Además del Programa COINCIDENTE, tradicionalmente desde la DGAM también se gestionan proyectos de desarrollo para satisfacer necesidades tecnológicas de nuestros ejércitos, donde se aborda un conjunto de proyectos cercanos a su uso operativo, a menudo derivado de demandas específicas de los ejércitos; evaluación de demostradores, donde se evalúan demostradores y prototipos existentes bajo condiciones cercanas a las operativas para verificar si pueden ser la base para su adaptación a requisitos de defensa. Y por último, nos encontramos también con los grandes programas de plataformas en el marco de los cuales, dada su complejidad, dimensión y largos ciclos de vida, es necesario lanzar proyectos que permitan reducir los riesgos de incorporar tecnologías avanzadas, antes de iniciar el desarrollo del sistema final.

Al mismo tiempo, el Ministerio de Defensa considera de gran interés mantener una estrecha relación con la base tecnológica industrial y estar siempre actualizados de sus actividades, por lo que les invita a que participen también en eventos que organiza como el Congreso Nacional de Defensa y Seguridad de I+D (DESEI+D), jornadas técnicas de temáticas específicas, entre otros, ya que puede ser un medio de difusión de los avances tecnológicos que están llevando a cabo y que pueden aportar valor al desarrollo de nuestras Fuerzas Armadas, teniendo en cuenta hoy el día del creciente peso de las tecnologías de uso dual, que favorecen el aprovechamiento de las sinergias existentes entre las necesidades del ámbito de defensa y seguridad y del sector civil.

Por último, destacar la importante labor que se realiza desde el Sistema de Observación y Prospectiva Tecnológica (SOPT) que, entre sus principales objetivos, tiene el de identificar las últimas tecnologías con fines de defensa y ver hacia dónde debemos orientar nuestra prioridades y esfuerzos a través de una gran red de colaboradores, pertenecientes al Departamento y fuera del mismo, como universidades, empresas, centros tecnológicos, etc. Para llevar a cabo este fin, el SOPT está en continuo contacto con la BTI para conocer los nuevos avances en las tecnologías que pudieran ser de interés para Defensa.


RESUMEN DEL WEBINAR: CLAVES ESTRATÉGICAS DEL MARCO DE SEGURIDAD Y DEFENSA DE LA UNIÓN EUROPEA

El pasado día 8 de junio, desde el Instituto de Seguridad y Cultura celebramos un webinar para tratar las claves estratégicas del marco de seguridad y defensa de la Unión Europea. Pusimos el foco en el análisis y reflexión sobre las bases de construcción, definición y desarrollo histórico de este marco y en los retos futuros.

Para ello contamos con la participación de Antonio Notario, jefe de la Unidad de Planeamiento Estratégico del Departamento de Seguridad Nacional, con el Coronel Jose Luís Pontijas, analista principal del Instituto de Estudios Estratégicos Españoles para el área euroatlántica, y con el Doctor Alberto Bueno, profesor de la Universidad de Granada y experto en investigación sobre temas de seguridad y defensa.

Los tres expertos incidieron en que la Unión Europea no deja de ser desde sus inicios un proyecto político en transformación constante ante las nuevas incorporaciones y salidas de la Unión. A la hora de definir su marco estratégico, existe la enorme dificultad de coordinar la voluntad política de todos sus estados miembros y trabajar en el acuerdo ante las divergencias de dirección.

Como puntualizó el coronel Pontijas, la Unión Europea se enfrenta a una evolución del contexto y de las amenazas sectoriales y geográficas. “Europa consigue grandes avances tras haberse enfrentado a crisis”, ha señalado. Esto es lo que ha ido definiendo el enfoque de las estrategias a lo largo de su desarrollo histórico.

El marco de seguridad y defensa de la Unión Europea ha estado siempre encuadrado bajo la dirección estratégica de la OTAN. Antonio Notario incidió en que, ya en la Brújula Estratégica, se hace referencia a que “la OTAN es el pilar básico y fundamental de la estrategia de seguridad y defensa de la Unión Europea”. El jefe de unidad del Departamento de Seguridad Nacional subrayó también que debajo de las enormes diferencias políticas para la dirección estratégica de la Unión Europea, pesan los intereses del sector industrial y el complejo número de agencias que dificultan ese avance integrado.

El profesor Alberto Bueno insistió también en que esa falta de acuerdo en la definición y enfoque de futuro sobre la autonomía europea afecta en el planteamiento de su estrategia de seguridad y defensa, así como en el fortalecimiento de sus capacidades.

España es uno de los principales impulsores de ese nuevo concepto OTAN ante la acogida de la próxima cumbre en Madrid, pero queda pendiente hacer frente al enorme desafío de impulsar la industria nacional de Defensa (en el top 100 del Instituto de Estocolmo, sólo aparece la empresa de Navantia) y el defender su participación en los diferentes programas de innovación y desarrollo de la Defensa.

Como reto positivo planteado por los panelistas, queda resaltar que España cuenta con la enorme oportunidad de impulsar la capacidad transformadora de la pequeña empresa de la industria en la generación de nuevas oportunidades tecnológicas.

 

https://www.youtube.com/watch?v=P8uOWi830oY

 


Evolución histórica del marco de seguridad y defensa europeo

A lo largo de los últimos siglos el marco de seguridad y defensa europeo ha vivido un proceso de adaptación y definición que ha llevado al continente a convertirse en garante de la defensa de unas bases culturales, históricas, sociales y económicas comunes. Esta esencia común es la que ha impulsado, desde el siglo XVIII, la necesidad de buscar instrumentos y organismos que garanticen una respuesta eficiente en la defensa de unos intereses comunes, así como los compromisos compartidos con los socios internacionales.

En el siguiente análisis aportamos una aproximación a las etapas principales de este proceso de transformación del marco de seguridad y defensa europeo, con el objetivo de obtener las claves que nos han traído hasta la situación actual.

Primera fase – Equilibrio de poderes y legitimidad compartida (1815 – 1918)

El primer planteamiento del marco compartido de seguridad y defensa de Europa surgió a partir del siglo XVIII, cuando el continente estaba sacudido por una gran rivalidad comercial e industrial, y se producía un fuerte crecimiento de la influencia militar para la consecución de los objetivos de política exterior. La firma de los Tratado de Utrecht y de Rastadt en 1712 y 1714 supusieron un reordenamiento político territorial y el establecimiento de la paz en el continente.

A partir del Congreso de Viena (1816), tras años de conflictos acontecidos en el último cuarto de siglo en el continente europeo impulsados por las guerras napoleónicas, Europa establece la necesidad de crear una coalición u organización de respuesta automática frente a posibles agresiones (el Sistema Metternich establecido por la Santa Alianza). Una responsabilidad colectiva de mantener el orden y estabilidad en el continente que sería la semilla para el planteamiento de la política exterior europea y la base ideológica de la Sociedad de Naciones.

Este planteamiento se sustanció en una alianza a favor del equilibrio de poderes como garantía para una mayor estabilidad, que versaría en la “legitimidad compartida” para el acuerdo y el establecimiento de acciones comunes. Se estableció así la “práctica de los Congresos” como instrumento de mediación y acuerdo sobre los intereses comunes en Europa a través de la celebración periódica de conferencias, donde participarían las naciones más poderosas y con capacidad estratégica de influencia y decisión. Este sistema supuso un gran avance en la cooperación europea y en las acciones de seguridad conjuntas.

Así, se afianzaron alianzas en el continente para garantizar este equilibrio de poderes (la Doble Alianza, la Triple Alianza, La Paz Armada entre la Triple Alianza y la Triple Entente, la Entente Cordiale), que aunque sí permitió la apertura de espacios para el diálogo y la negociación, no evitó la polarización del continente y el choque de intereses entre los diferentes bloques creados.

SEGUNDA FASE – SEGURIDAD COMPARTIDA Y SOCIEDAD DE NACIONES (1918-1948)

Fue el presidente norteamericano Thomas Woodrow Wilson quien promulgó el concepto de “Comunidad de Naciones” para establecer el compromiso y la responsabilidad común por la seguridad y la estabilidad colectiva. Fue un llamamiento tras los eventos de conflicto que sacudieron el continente europeo a garantizar una respuesta conjunta al desafío de cualquier país sobre el orden establecido. En 1920, se firmó el Pacto de la Sociedad de Naciones entre Gran Bretaña, Francia, Italia y Estados Unidos, base para la constitución de una “Liga para la paz” y, tras la II Guerra Mundial, se planteó un marco de seguridad colectiva eficiente basado en el establecimiento de relaciones económicas entre los países lo más abiertas posibles: el Acuerdo General sobre Comercio y Aranceles creado por la Carta de la Habana por las Naciones Unidas, en 1947, y la Organización para la Cooperación Económica Europea de 1948 o la posterior Comunidad Europea del Carbón y del Acero, de 1951.

Durante este periodo, se resaltó la necesidad de organizar un sistema de gestión en el que existiese un equilibrio político y de poderes, constituido gracias a la resolución pacífica y del diálogo de las controversias y los conflictos internacionales bajo el amparo de la ley internacional, de manera que ningún Estado pudiera imponerse al resto. La seguridad global se constituiría como un objetivo en sí mismo. Si bien se ofreció un lugar de encuentro diplomático y un foro multicultural adecuado para el intercambio de ideas y búsqueda de soluciones técnicas, falló en la implementación de la seguridad colectiva y la prevención de la guerra.

TERCERA FASE NUEVA ECONOMÍA PARA EL ORDEN MUNDIAL Y DEFENSA COLECTIVA (1948-1963)

La apertura del periodo de la Guerra Fría con la Unión Soviética empujó a Europa a constituir instrumentos que garantizasen la defensa colectiva y la contención de la amenaza soviética sobre el territorio europeo.

Fue cuando se impulsó, en 1948, la Organización Europea de Defensa y Seguridad entre Francia, Bélgica, Reino Unido, Luxemburgo y Países Bajo, que garantizó que, a petición de una de las partes contratantes, se abrirán consultas para dar respuesta común en cualquier punto del mundo ante una amenaza a la paz o a la estabilidad económica de los aliados. Posteriormente, en 1949, se impulsaría el nacimiento de la OTAN con Estados Unidos, Canadá y los países de la Unión Europea Occidental, que compartía el objetivo de garantizar un espacio de seguridad común que permitiese el desarrollo económico y la consolidación de los valores democráticos. En este periodo, la OTAN acogió la responsabilidad de la defensa de Europa Occidental, ante a falta de aprobación y progreso con la propuesta de un organismo europeo para la responsabilidad de la seguridad y la defensa de la Unión (en 1951, la Comunidad Europea de Defensa (EDC) o el Plan Fouchet, impulsado por Francia, en 1961).

Es a partir de aquí cuando seguridad y desarrollo económico se empezó a formular como estrategia conjunta para la garantía del orden. Se abrió entonces una nueva economía versada en la interconexión comercial como balanza en el desarrollo económico de todas las naciones dentro del mismo para el nuevo orden mundial. Aquí surgió el concepto de defensa colectiva –que representa la respuesta conjunta contra las agresiones a un Estado.

El Tratado de Amistad Franco-Alemán, con el liderazgo de Francia y Alemania, crearía los cimientos para la fundación de las instituciones europeas y la futura creación de la Unión Europea.

CUARTA FASE SEGURIDAD COOPERATIVA Y GARANTÍA DEL ORDEN INTERNACIONAL (1963-1992)

El conflicto árabe-israelí empujó el papel internacional de la Unión Europea, que impulsó la creación de la Cooperación Política Europea (CPE), en favor de una coordinación de la política exterior dentro de las Comunidades Europeas (CE). El Acta de Helsinki de 1975, estableció las obligaciones políticas, militares, económicas, medioambientales, y una serie de compromisos vinculados al respeto de los derechos humanos, que representaron la esencia del proceso de implementación de la identidad europea en su política exterior.

Los conflictos en Oriente Medio y lo sucedido en la guerra de Kosovo en 1990, enfatizó la necesidad de una defensa intraeuropea, de integración y fortalecimiento del pilar europeo de la OTAN. Además, la desestabilización de la frontera oriental de la Unión, con el desmoronamiento de la URSS y el estallido de conflictos en ese flanco este, aceleró la necesidad de crear instituciones permanentes y una nueva capacidad operativa europea. Las Misiones Petersberg serían la base de la Política Europea de Seguridad y Defensa de la UE, un mecanismo de cooperación intergubernamental con el establecimiento de operaciones militares y/o civiles fuera de las fronteras de la organización.

QUINTA FASE SEGURIDAD COOPERATIVA Y CAPACIDADES DE DEFENSA CONJUNTAS (1993-2001)

Se creó nuevo sistema de defensa colectiva, con instrumentos que sirviesen para evaluar los costes y beneficios derivados de los acuerdos y obligaciones militares asumidos en el seno de las organizaciones de seguridad y defensa compartidas. Se abrieron nuevas partidas presupuestarias, tales como la asistencia a misiones de paz y la reorganización de la estructura militar para adaptarse a los nuevos desafíos internacionales.

Hacia 1996, Estados Unidos ya planteó que la Unión Europea pudiera emplear algunos de los activos de la OTAN en sus propias operaciones de mantenimiento de la paz, sujeto a un " derecho de tanteo", y también para aliviar la carga de responsabilidad de Estados Unidos sobre los escenarios de interés de la Unión Europea. Esto favoreció, de forma histórica, el acuerdo entre Reino Unido y Francia para la creación de una política europea de seguridad y defensa que incluyese una fuerza militar europea capaz de actuar de forma autónoma. Esto fue base para que, en 1990, en la Cumbre de Colonia se pidiera a los estados miembros que pudiesen desplegar voluntariamente una fuerza conjunta con capacidades militares en las misiones Petersberg. Se estableció el 2003 como fecha límite para la creación de una fuerza europea de hasta 60.000 soldados y estableciendo un catálogo de fuerzas. En 1999, en el Tratado de Amsterdam, fue cuando se declaró que la Política Europea de Seguridad y Defensa (PESD) de la UE fuera donde se 'enmarcará progresivamente' la base de estas tareas.

El concepto de integración europea ha ofrecido un marco de seguridad y cooperación que ha facilitado el desarrollo y creación conjunta de políticas económicas y sociales. Un objetivo primordial de este proceso desde los años setenta, ha sido la reducción de las disparidades de poder adquisitivo entre los Estados europeos, con la consiguiente cohesión económica y social entre ellos.

SEXTA FASE MULTILATERALISMO EFICAZ Y BASE NORMATIVA (2001-2022)

El atentado del 11S en Estados Unidos, hizo replantear todas las estrategias de defensa de los estados y de los organismos de seguridad y defensa compartidas. Fue el primer ataque de alcance internacional de naturaleza terrorista yihadista que supuso el mayor impacto al concepto de seguridad internacional contemporánea. Con esta amenaza y el despliegue de la misión de defensa de la OTAN en Afganistán, impulsó la creación de una primera Estrategia de Seguridad Conjunta por parte de la Unión Europea en el 2003, que puso de base el objetivo de conseguir una Europa más activa y el aumento de capacidades de defensa con la aparición de la PESD y la Agencia Europea de Defensa (EDA).

En este periodo, la Unión Europea potenció la creación de instrumentos y organismos para conseguir el «multilateralismo eficaz», apoyándose en la capacidad normativa para reformar las organizaciones multilaterales en las que participan sus miembros. No obstante, el estancamiento del Tratado de Lisboa y las sucesivas crisis geopolíticas internacionales y en la relación con los estados de vecindad de la Unión Europea, privaron a sus estados miembros la capacidad de ofrecer seguridad en un mundo en evolución ante nuevos retos y riesgos que suponían los sistemas de información (ciber), la seguridad energética y el cambio climático. El nuevo contexto internacional, con los cambios acelerados, postergó los conflictos regionales y los estados fallidos como riesgos en desarrollo en un largo plazo que han evidenciado la incapacidad de respuesta oportuna y el multilateralismo como espacio para asegurar la defensa y gestionar estos escenarios de crisis de alcance internacional.

La firma del anterior marco de seguridad y defensa de la Unión Europea en el 2016: Su título, Una visión común, una actuación conjunta: Una Europa más fuerte, abrió la prioridad de crear una capacidad de proyección y de protección con el refuerzo de las estructuras de gestión de crisis. Fue a partir de este momento, advirtiendo las consecuencias de la crisis económica en la estabilidad internacional, el impacto de las Primaveras Árabes y los consecuentes conflictos regionales y la amenaza terrorista, lo que señaló como prioridad el trabajo de la política de vecindad para estimular las economías de los países de origen y reforzar el apoyo de los actores locales como estrategia de prevención de las fronteras avanzadas.

La Brújula Estratégica del 2022 y el resultado de la ineficaz capacidad de contención y prevención de una invasión y nuevo conflicto en suelo europeo, versa sobre la definición de un plan de acción para reforzar la política de seguridad y defensa de la UE de aquí a 2030 con el objetivo de alcanzar una Unión más fuerte y más capaz en materia de seguridad y defensa poniendo como prioridad las capacidades tecnológicas y de innovación de la industria de Defensa europea y las capacidades de inversión en Defensa de los estados miembros. La búsqueda de un nuevo rol, proactivo y determinante de la Unión Europea ante sus áreas de interés y de responsabilidad inmediata, como apoyo en los compromisos de sus estados miembros para con los objetivos de la OTAN.

 


Miguel Ángel Fernández-Palacios, nuevo representante permanente de España ante la OTAN

El Gobierno ha nombrado como nuevo representante permanente de España en el Consejo de la OTAN a Miguel Ángel Fernández-Palacios, diplomático de carrera de reconocido prestigio que ocupó en su día la Jefatura de Gabinete de José Bono como Ministro de Defensa.

Fernández-Palacios, nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1965, se convirtió 2006 en el embajador más joven de España, tras ser destinado a encabezar la legación española en la República Democrática del Congo cuando contaba 41 años.

Hasta ahora,, Fernández-Palacios, Doctor en Derecho por la Universidad Complutense, ocupaba el cargo de Consejero de Asuntos Parlamentarios en la representación Permanente Española ante la Unión Europea. Además de en Congo, donde permaneció en el cargo hasta 2008, fue Embajador de España en Etiopía entre 2011 y 2015.

Ha estado igualmente destinado en las embajadas de España en Argel, La Haya y Tegucigalpa; además, ha sido responsable para Naciones Unidas y Europa Occidental en el Ministerio de Asuntos Exteriores. También fue Asesor para Asuntos Internacionales del Ministerio de Defensa y, de nuevo con José Bono, se encargó de dirigir el Gabinete de Presidencia del Congreso de los Diputados.