Los archivos del Estado Islámico

El Daesh quiso ser un Estado. No sólo proclamó un Califato, sino que estableció una auténtica estructura estatal cuya burocracia generó una ingente documentación. Dicho cuerpo documental ha sido recopilado por varios periodistas durante cinco viajes a Mosul y presentado en un amplio reportaje de The New York Times.

El resultado da buena cuenta de, por un lado, el régimen de terror construido por los terroristas en su territorio; y, por otro, su capacidad de organización estatal. En este sentido, Mosul, la ciudad más importante de las que cayeron bajo control de los fanáticos yihadistas, fue escenario de castigos a niños de 14 años por reírse durante el rezo. Castigos que, como la propia documentación indica, buscaban resultar ejemplarizantes.

Expediente de detención de un menor de 14 años por reírse durante el rezo.

Pero los papeles también dan buena cuenta del nivel organizativo de los terroristas. No sólo desde un punto de vista coercitivo, sino meramente burocrático. El NYT ha publicado, entre otros, certificados de nacimientos, contratos de alquiler, órdenes de expropiación de propiedades de población chií, matrículas de vehículos, permisos de conducir… Y todo con el sello y membrete de Daesh.

Incluso, un testamento de un combatiente que marchaba en misión suicida en el que quedaba por escrito que Daesh asumiría la deuda contraída con una familia en Marruecos. Pero uno de los apartados en los que los yihadistas mostraron una enorme eficacia fue en la organización de un aparato recaudatorio de impuestos. Todas las actividades económicas quedaron grabadas y se estableció un férreo control que permitió a Daesh construir una auténtica “máquina del dinero”.

Folleto explicativo de cómo debían mostrar los hombres la parte baja de las piernas.

El régimen de terror que construyó el Daesh en Mosul tuvo su traducción burocrática en órdenes de detención como las ya referidas. Pero también en manuales de correcta vestimenta, no sólo para mujeres sino también para hombres. Estos debían la parte inferior de las piernas al descubierto y firmar documentos en los que se comprometían a cumplir con determinadas normas como no volver a cortarse la barba, asumiendo voluntariamente que serían castigados en caso de incumplimiento.

 

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