Canciones como kalashnikovs contra el Daesh en Mali

La expansión del yihadismo acaba con todo, la música incluida. Y eso, en países como Mali, es mucho. Lo explicaban hace poco los miembros de Songhoy Blues, un grupo formado por cuatro músicos malienses que se unieron para denunciar con sus canciones lo que estaba sufriendo su país con el avance del Daesh.

Todo comenzó con un mensaje difundido por la radio: “Nosotros, los muyahidines, prohibimos la radiodifusión de cualquier música desde hoy. Hemos informado a todos los propietarios de las emisoras que no queremos música de Satán”. Gao, Tombuctú y Kidal ya estaban en manos de los barbudos de Ansar Dine, ligado al Daesh. Y ese día se impuso la sharia en el territorio controlado por los yihadistas.

Aliou Touré, cantante, recuerda en una entrevista en ABC qué impacto tuvo en él aquel mensaje: “Antes de aquel mensaje jamás había estado preocupado por mi música. Cuando lo escuché, lo primero que pensé fue que tenía huir y cuál sería mi destino”.

Él mismo relata cómo vivieron en primera persona un incidente que les hizo darse aún más cuenta de la gravedad de la situación: “El momento más aterrador se produjo entre agosto y diciembre de 2012, cuando se produjeron más ataques. Garba (Touré), nuestro guitarrista, se encontró en Tombuctú con un grupo de yihadistas mientras iba tranquilamente tocando por la calle y, tras quitarle la guitarra, le amenazaron con un castigo mucho peor si le volvían a ver con un instrumento. En ese momento se dio cuenta de que tenía que escapar del norte”.

En Mali la música es mucho más que un elemento de ocio y diversión. “Es un vínculo importante entre las tribus, un hilo para unir a grupos dispares, una forma de compartir noticias en un país donde no todo el mundo ve la televisión. Es como nuestro periódico para hablar de los problemas”, explica Aliou.

Por ello, ahora usa sus canciones, junto con los otros tres malienses que conforman Songhoy Blues, para hablar de la experiencia de los desplazados y lo que supone la invasión del Daesh. En palabras del propio Aliou: “Nuestras canciones son como nuestros kalashnikovs, no necesitamos armas reales para luchar contra la injusticia. Nuestra música es nuestra forma de protesta“.

Otros músicos malienses como Fadimata ‘Disco’ Wallet Oumar o Kaira Arby han tenido que huir de su país para poder seguir con la música, un elemento que no ha regresado por la alta inseguridad de la zona a pesar de que el Gobierno maliense ya ha recuperado al Daesh gran parte del terrreno conquistado.

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